Evangelio de Tomás Interpretación

Cuadro de Santo Tomás

El Hombre, Templo de Dios Vivo

Como muestra del contenido del libro “El Hombre, Templo de Dios Vivo, exégesis oculta de la religión de Cristo a partir de comentarios al Evangelio según Tomás”, reproducimos más abajo, en pdf, una pequeña parte de esta obra. Hay más información sobre ella en www.robertopla.com  

La traducción del libro en inglés se puede encontrar en Amazon como Man, Temple of the Living God. También hay más información en www.gospelofthomas-interpretation.com

Propósito del Autor

Nuestro único propósito real al escribir esta obra ha sido el de despertar el amor hacia el Cristo completo; y al decir el Cristo completo nos referimos conjuntamente al Cristo que murió por los hombres hace más de dos mil años en Jerusalén y cuyo amor ha sido fomentado por la exégesis manifiesta desde el principio del hecho cristiano, y al mismo tiempo al Cristo preexistente y eterno. Aunque ambos son uno solo, si se quiere entender al Cristo completo, no es posible prescindir del Cristo que desde el principio y desde que existió el primer hombre sobre la tierra yace olvidado, desconocido, crucificado en el interior de cada hombre, y que solo espera para revelar su presencia inmortal, divina, inseparable, ser invocado por el amor y la fe.

Entonces llegará al interior de cada hombre la bienaventuranza verdadera de su resurrección. (pag. 41)

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El propósito que se persigue con este escrito es el de despertar en algunos la conciencia de que los textos canónicos neotestamentarios se expresan de acuerdo con una hermenéutica dual, por cuya exégesis es posible, una vez asimilada la lectura primera que llamamos manifiesta, afrontar una segunda lectura, más difícil de ser aprehendida, para encontrar por ella un nuevo sentido que los hagiógrafos cristianos denominaban oculto, o secreto. (pag. 29)

El Hombre Templo de Dios Vivo

En lo que se refiere a la perícopa de proclamación de la Buena Nueva, el tiempo que Jesús anuncia que se ha cumplido es el de enseñar públicamente que Dios y el hombre esencial no son dos cosas distintas, sino una sola identidad que hay que descubrir y reconocer. El tiempo de saber eso, que el Ser del mundo no es plural, que no es una dualidad, se cumplió, en efecto, para los conocedores del evangelio, hace veinte siglos y sigue vigente para todos los conocedores que han venido después. Incluso para los que ahora viven. El tiempo se ha cumplido. Dios y la esencia del hombre son una sola cosa, y ese es el conocimiento primero que enseña el evangelio, el conocimiento que abre las puertas del alma a los cambios de redención. (pág. 849)

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