RESUMEN DEL ESCRITO

 

El Evangelio de Tomás (EdT) consta de 114 Dichos de Sabiduría atribuidos a Jesús. Fue recuperado en unas excavaciones en 1945 siendo la datación del pergamino encontrado del año 300 aproximadamente. Al parecer, no ha sido conocido en todo este largo intervalo de tiempo. Parece que su antigüedad es comparable a la de los Evangelios Canónicos y que pertenece a la tradición apostólica, si bien hay variedad de opiniones a estos respectos.

El EdT es insistente en que estamos llamados a experimentar la Luz que nos constituye. Esta Luz está presente en todo y en todos, y es la que nos da acceso al Reino. Citamos, como ejemplo, algún Dicho:

En el Dicho 77 Jesús, como Cristo encarnado dice: Yo soy la Luz que está sobre todos ellos. Yo soy el Todo [] hendid la madera: yo estoy allí; levantad la piedra, y me encontraréis allí.

Jesús ha dicho: […] el Reino está dentro y fuera de vosotros […] (Dicho 3) y […] el Reino del Padre está esparcido sobre la tierra y los hombres no lo ven. (Dicho 113).

Jesús ha dicho: […] Hemos venido de la Luz; allí donde la Luz ha nacido de sí misma […] Somos sus hijos y somos los elegidos del Padre Viviente (Dicho 50)

Jesús ha dicho: Cuando engendréis esto (si mismo) en vosotros, lo que tenéis os salvará. Si no tenéis esto en vosotros, lo que no tenéis os hará morir (Dicho 70)

El Evangelio considera que la luz en el ser humano es su auténtico si mismo. En el escrito se propone que esta luz procede de una Luz o Atención Divina mediada por el cerebro/organismo. Se apunta también a que el paradigma materialista respecto del origen o causa de la consciencia no está comprobado científicamente y que tal paradigma no parece compatible con una concepción espiritual o trascendente del ser humano.

La infinidad de contenidos mentales que conforman nuestra mente y que han sido adquiridos a lo largo de la vida son los que tapan la luz que es su base y fundamento. En la medida en que podemos apartar los contenidos mentales va mostrándose la luz.

Acceder a la experiencia de la luz implica un acto de voluntad en el presente. Esta es una primera entrada al Reino, pero la intensidad de la experiencia a la que se puede llegar es muy variable. Se puede tener desde la dualidad, es decir, desde un yo psicológico que se hace consciente de su acto de percepción en el ahora, o bien, llegando hasta perder la dualidad, cuando la mente está silenciada y la luz la inunda. En tu luz vemos la luz (Sal.36, 9), ya no hay dualidad: Uno es Ella.

La consciencia de la luz, de la atención que nos permite conocer cualquier cosa o asunto, es el tesoro, el misterio oculto, al que se refieren las escrituras. Jesús ha dicho: Conoce lo que está delante de tu rostro y lo que está oculto te será revelado; porque nada hay oculto que no pueda ser manifestado (Dicho 5). La referida consciencia es un aspecto fundamental de la superación de la dualidad, puesto que implica entrar  en conocimiento de lo que verdaderamente es en nosotros.

La experiencia de la luz nos cambia el yo psicológico sin saber cómo (Mc.4. 27), pues recibe los frutos y dones del Reino. Esta armonización es también superación de la dualidad sobre la que el EdT es insistente, por ejemplo: […] cuando hagáis del dos uno, y cuando hagáis lo que está dentro (luz, espíritu, sí mismo) como lo que está fuera (mente, yo psicológico) y lo que está fuera como lo que está dentro…entonces entraréis en el Reino.

El Reino es, pues, un estado de presencia en la luz, que es uno mismo, así como de armonización del yo psicológico con lo que viene de esa luz. El EdT alude al Reino como una situación de “descanso” o “reposo” (Dichos 60 y 90). Cynthia Bourgeault escribe: “con la unificación nuestro ser interior descansa y esa apacibilidad fluye hacia el mundo exterior como sabiduría y compasión.”

De la unión que todos tenemos en la Luz del Reino procede el principal mandamiento: Jesús ha dicho: Ama a tu hermano como a tu alma; vela por él como la niña de tu ojo. (Dicho 25)

En el EdT Jesús nos indica los caminos que hemos de allanar para facilitar la llegada del Reino. En el escrito los hemos agrupado bajo las rúbricas de Atención, Desprendimiento y Limpieza de Corazón. Jesús también nos previene de lo fácil que es perder el camino y/o ser devorados por el mundo.

Jesús quiso acercarnos el Reino: He venido a traer un fuego sobre el mundo y he de preservarlo hasta que lo incendie (Dicho 10). Y también: Os daré lo que el ojo no ha visto, lo que la oreja no ha oído y lo que la mano no ha tocado ni ha llegado al corazón del hombre (Dicho 17). San Pablo, al repetir este Dicho, lo termina diciendo: Lo que Dios preparó para los que le aman (1Co 2,9).

El escrito termina con una cita del libro de Roberto Pla en la que se refiere al reconocimiento de Jesús como Cristo encarnado y también al Cristo preexistente, universal y eterno, y dice:

[…] Aunque ambos son uno solo, si se quiere entender al Cristo completo, no es posible prescindir del Cristo que desde el principio y desde que existió el primer hombre sobre la tierra yace olvidado, desconocido, crucificado en el interior de cada hombre, y que solo espera para revelar su presencia inmortal, divina, inseparable, ser invocado por el amor y la fe. Entonces llegará al interior de cada hombre la bienaventuranza verdadera de su resurrección.”

Las enseñanzas de Jesús sobre no dualidad en el Evangelio de Tomás[1].

 

 

 

 

 

 

I – Introducción

El Evangelio de Tomás (EdT) es uno de los cincuenta y tres tratados que fueron hallados en 1945 cerca de la población egipcia de Nag-Hammadi y de un antiguo cenobio cuyos monjes fueron, con toda probabilidad, quienes los escondieron cuidadosamente en una tinaja.

Las razones de ello posiblemente tienen que ver con que su marcada orientación hacia la transformación personal no estaba alineada con la manera de entender el mensaje cristiano en los tiempos del Concilio de Nicea (325 d.C) y de la conversión del Emperador Constantino. La Iglesia tuvo en ese tiempo una deriva autoritaria en la que se propició la interpretación literal de los textos, las creencias y los preceptos, lo ritual y los aspectos morales. El caso es que el EdT, que había circulado normalmente hasta entonces, desapareció tan completamente que, cuando se estableció el Canon en el Concilio de Trento (1546), no se encuentra en las discusiones preliminares ninguna mención a él. Era desconocido[2].

El manuscrito encontrado del EdT, en copto, data de la segunda mitad de siglo III. Se piensa que es traducción de otro anterior en griego, que incluso es posible que proviniese de otro precedente en arameo. La datación de la primera versión del evangelio propiamente no es clara, si bien me ha parecido que hay cierto consenso entre los investigadores en situarla entre 60 y 140 d.C, aproximadamente coincidente con la de los Evangelios Sinópticos.

Hay quien opina que su estilo literario revela un mayor parecido con la Fuente de los Evangelios Sinópticos (Fuente Q), lo que podría indicar una fecha anterior a la mencionada y constituir una primera exposición del mensaje cristiano.

Como dice Roberto Pla: No sin cierta precipitación fue clasificada desde el primer momento como gnóstica la totalidad de la biblioteca de Nag-Hammadi, pero posteriormente, a medida que han ido saliendo a la luz algunos tratados de la colección, se ha visto la imposibilidad de adscribir todas las obras a una sola corriente de pensamiento cristiano. [3] Y, de hecho, tanto sus consideraciones como las de muchos de los investigadores posteriores convergen en atribuir este evangelio a la tradición apostólica. Su importancia para comunicar el mensaje cristiano también viene siendo crecientemente resaltada, puesto que desarrolla, más que los Evangelios Canónicos, su esencia interiorizada y contemplativa[4]. En cuanto a la autoría, no hay claridad. Algunos piensan que se trata de Dichos de Jesús mantenidos en la tradición oral y posteriormente recogidos. Otros la atribuyen al propio apóstol o a su  escuela y también los hay que ven en el EdT cierta influencia oriental, consecuencia de su legendaria migración a India.

El EdT consta de 114 Dichos o Logia de sabiduría de Jesús, algo más de la mitad de los cuales coinciden aproximadamente en contenido con los Evangelios Canónicos, pero no relata su vida, milagros, muerte y resurrección.  El mensaje fundamental que lo inspira es la presencia de la luz en el mundo y en el ser humano y el proceso de llegar a hacerla manifiesta en él. En este sentido, tiene una semejanza especial con los escritos de San Juan.

Los Dichos del EdT tienen un estilo muy cercano o íntimo (Dicho 62) que hace pensar en las enseñanzas “en privado” a las que los evangelios sinópticos se refieren (Mc. 4,34; Mt. 13,11; Lc. 8,10). En este sentido, complementan perfectamente las de los Evangelios Canónicos.

El Incipit del Evangelio dice así:

He aquí las palabras ocultas de Jesús el Viviente y que ha trascrito Dídimo Judas – Tomás.

La expresión Jesús el Viviente indica la condición de Vida plena, una con el Cristo eterno, el Verbo de Dios.

Que las palabras sean ocultas o secretas se presta a diferentes lecturas. Por un lado, como pone de manifiesto Roberto Pla, las palabras son  ocultas “[…] porque la interpretación verdadera no se da a conocer ni se deja sentir con facilidad… porque se refieren al misterio de Dios, el de Cristo Vivo, en quien se hallan ocultos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. (Col. 2,3). Nuestra conciencia habitual está tan “recubierta de obras muertas (Hb. 9,14), esto es, de condicionamientos, de temporalidad, de interpretaciones erróneas, de ignorancia, que impiden la recta y libre contemplación del Viviente del que cada uno de nosotros ha sido constituido […]”[5], y es esa contemplación la que permite la interpretación verdadera de las metáforas que expresan las palabras: Se requiere una comprensión vivencial o experiencial, no puramente intelectual.

Nada hay oculto que no pueda ser manifestado y el que tenga oídos para oír, que oiga son las exhortaciones más frecuentes en el EdT, que también están presentes en otros evangelios. Ambas parecen señalar a algo que no es evidente, pero que es importante, cuyo descubrimiento implica una toma de conciencia inhabitual, diferente.

San Pablo dice que el Reino es […] el misterio oculto desde siglos y generaciones  de Cristo en nosotros, la esperanza de gloria[6] [] y que […] vuestra vida esta oculta con Cristo en Dios  (Col 1, 26-27; Col. 3,3). El EdT se refiere al Reino como […] el tesoro oculto que siempre permanece, y como la piedra angular desechada por los constructores (Dichos 66 y 76), expresiones que se repiten en otros evangelios y que insisten en la naturaleza no evidente ni expresable del Reino[7].

Por otro lado, Roberto Pla indica que al ser palabras de Jesús el Viviente, es decir, de una conciencia psíquica completamente trascendida, es posible suponer que no fueran palabras expresadas en un lenguaje humano, sino “ideas indivisibles, no fraccionadas”, y por ello tuvieron que ser trascritas, con frecuencia en parábolas, por un gemelo (es lo que significa dídimo) que mantenía la dualidad. Esto es lo que representa el nombre de Judas añadido al del discípulo Tomás, según Roberto explica.

Sea como fuere, es una casualidad notable que este evangelio reapareciera tras la Segunda Guerra Mundial, aproximadamente al mismo tiempo en que el teólogo Karl Rahner S.J. hizo su conocida predicción: “El cristianismo del futuro será contemplativo o no será”, porque las enseñanzas del EdT reiteran y clarifican la orientación introspectiva del mensaje de Jesús.

En las páginas que siguen trataré de aclarar el sentido de este Evangelio utilizando para ello algunos de sus Dichos. Se trata solo de un trabajo de aproximación, pues no me siento cualificado para realizar un estudio de mayor profundidad[8]. Lo emprendo con el espíritu de unirme a la corriente de actualización del mensaje de Jesús y con el convencimiento de lo mucho que a este respecto aporta el EdT. También me gusta dar a conocer el importante libro de Roberto Pla, al que me he referido.

 

 

 

 

 

 

II- Aclaraciones para la comprensión de este escrito

Los comentarios que siguen reflejan la comprensión aproximada o composición de lugar a la que he llegado en un tema que es especialmente difícil (ver Chalmers y Koch, el “problema difícil” de la consciencia).  Compartir ese entendimiento me parece muy conveniente (o necesario) para acercarnos a la comprensión de algunos de los Dichos y, en general, al mensaje espiritual, pero no pretendo argumentar sobre su corrección.

El origen o causa de la atención (y de la consciencia) en el ser humano es en nuestros tiempos un asunto controvertido. El paradigma científico dominante es eminentemente materialista y considera que la consciencia es un epifenómeno de la materia, del cerebro. Sin embargo, esta premisa no está basada en hechos comprobados.

No hay duda de que en nuestra consciencia habitual interviene el cerebro, pero la cuestión es si este órgano (y quizá también otros) es un interfaz, un sintonizador o filtro, a través del cual actúa en nosotros un elemento espiritual, cósmico, que es el que aporta la base y las facultades fundamentales para que, posteriormente, se pueda formar la consciencia de contenidos, más relacionada con lo que llamamos mente, siendo parte de esta, el yo psicológico o habitual.

Nuestro punto de partida es que tal elemento cósmico existe y que esta premisa es necesaria para cualquier consideración trascendente del ser humano. En el EdT y San Juan, frecuentemente, le llaman Luz, pero dentro del contexto cristiano se le denomina de ésta y de otras maneras, como veremos. En este escrito lo denominaré Luz o Atención (como califica a Dios Simone Weil), que son el denominador común de la experiencia de todo nombre que demos a tal elemento. Correspondientemente,  la “luz” en el ser humano es su “atención”, que es la denominación que damos a la facultad que da lugar a contenidos en la consciencia. La atención humana proviene de la Luz o Atención divina “filtrada” por nuestro cerebro/organismo. Evidentemente, la calidad/condiciones del “filtro” afecta a la capacidad de luz/atención y de consciencia de que dispondremos.

Podemos comparar la luz/atención con la luz habitual, en cuanto que ambas nos permiten “ver” aunque no son perceptibles en sí mismas, y a la consciencia con la pantalla en la aparecen los contenidos. En la mente están los contenidos y una mente sin contenidos no existe como tal, es luz/atención que trasluce la Luz/Atención que es Dios.

Es muy importante señalar dos aspectos: 1) La luz/atención nos pasa normalmente desapercibida y solo nos damos cuenta de los contenidos en la consciencia. 2) La consciencia habitual, nuestra mente, implica dualidad, separación. Uno tiene consciencia de algo. Hay un sujeto o un yo que percibe y un objeto o tema que la conciencia capta.

A la consciencia de la atención, de nuestra luz, podemos acceder desde nuestra consciencia y manteniendo la dualidad. Me doy cuenta en el presente de lo que percibo (sea un objeto o un contenido mental) y de mí como sujeto de esa percepción. Me hago consciente de que estoy percibiendo con mi luz/atención. Tener esta experiencia requiere normalmente un acto de voluntad en el presente, en el ahora. Entiendo que la frase atribuida a Santa Teresa de que “Dios está entre los pucheros” se refiere a ella.

El poder inicial del ahora es un primer acceso a la luz/atención que nos sitúa en una  Presencia que nos permite ser dueños de nuestros actos y experimentar la libertad para llevarlos a cabo. Esta Presencia también puede actuar como “guardiana” del contenido de nuestra mente, tanto de los estímulos externos a los que asentimos como de los pensamientos y sentimientos que acogemos.  La Presencia, la consciencia de la luz/atención que da lugar a lo que hay en mi mente en el presente, rebaja la dominancia del yo psicológico y su tendencia al automatismo.

En la medida en la que, ejercitando nuestra luz/atención, se van apartando los contenidos de nuestra mente (hay muchos métodos o maneras de hacer esta práctica), su progresiva limpieza va dando lugar a que la Luz/Atención se vaya transparentando con creciente intensidad y explicitud. La experiencia es que vamos accediendo a una Luz/Atención  que está “ahí” y que en nuestras manos solo hay un pequeño timón (cada vez más pequeño) para ir entrando en ella. Si el proceso se intensifica hasta el punto de que deja de haber dualidad (mente observadora), queda una Luz/Atención plena que se experimenta a sí misma, como dice el Salmo: En tu luz vemos la luz (Sal. 36, 9). Ya no hay dualidad, uno es Ella.

Como veremos más adelante, Jesús nos pide que recuperemos la capacidad para experimentar la Luz/Atención limpiando nuestra mente de contenidos: Estos pequeños que maman son semejantes a los que entran en el Reino (Dicho 22).

El niño recién nacido no viene con pensamientos, proyectos, hábitos, problemas, ni se siente separado, sino con una atención abierta y una consciencia limpia, llena de potencialidades, además de los instintos y reflejos necesarios para la supervivencia. Los contenidos formados de la consciencia, que son los que claramente tienen base cerebral u orgánica, son mínimos en él. Luego, la vida (las experiencias, la educación etc,) va formando una mente, un yo psicológico, con un sentido de identidad separado y una tendencia autorreferencial. El yo psicológico no solo depende de factores como la edad, la cultura, las experiencias o la educación, también cambia fácilmente de humor/opinión según los estímulos y circunstancias. No es una entidad estable.

Como he dicho, en mi manera de ver, la luz/atención con la que percibimos el mundo, dando lugar a nuestra consciencia habitual, sería como un eco, mediado por el cerebro, de su fuente original de Luz/Atención. Y si bien nuestra consciencia habitual la ejercemos desde un yo psicológico, una mente, variable en función de circunstancias y estímulos, la Luz/Atención que la da existencia es permanente e individual, como veremos, y por ello podemos decir que es nuestra verdadera identidad. Como dijo Teilhard de Chardin,  “No somos seres humanos viviendo una experiencia espiritual, somos seres espirituales viviendo una experiencia humana.”

Quienes más certeza tienen sobre la Luz/Atención son, claro, los que la experimentan plenamente, y dicen: Soy, Eso Soy, “Dios es el centro de mi alma”, “Cristo en mí”, pura Atención o Luz, Silencio, Amor, así o de manera semejante lo expresan. Este es el conocimiento fundamental de uno mismo al que estamos llamados porque, como que dice Jesús: Aquel que conoce todo estando privado de sí mismo está privado del Todo (Dicho 67). Los variadísimos contenidos de nuestra mente son “todo”, y existen para nosotros gracias a la luz/atención que los hace conscientes. El Todo incluye algún grado de conocimiento experiencial de esa luz/atención o Luz/Atención (la frontera puede ser borrosa) que es el “sí mismo” que menciona el Dicho.

La potencialidad para experimentar la Luz/Atención siempre está en nosotros porque, de hecho, es lo que somos. Podemos hacerlo desde la dualidad, mediante una práctica de la voluntad que nos mantenga en el presente, como he indicado. El camino hacia la experiencia no dual de la Luz/Atención es el de allanar o minorar los obstáculos de la mente y, entre ellos, la falsa noción mental de que no estamos en ella. Como dice Ramana Maharshi, el objetivo de la práctica es la eliminación de la ignorancia, no la consecución de la Realización. La Luz/Atención es permanente, está siempre presente, ahora y aquí, porque es eterna.

La trascendencia de la Luz/Atención a la base de nuestra consciencia  es, como ya he mencionado, el fundamento de toda espiritualidad. Si se llegara a comprobar que nuestra consciencia es un epifenómeno de la materia, creo que toda idea de trascendencia dejaría de tener sentido.[9]

 

 

 

 

 

 

III – El Reino. La búsqueda y experiencia del Reino. Padre nuestro que estas en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino…

 

  • Inicio

Desde el principio, en el Dicho 1, el EdT nos plantea un reto fuerte: El que encuentre la interpretación de estas palabras no gustará la muerte”, y  en el Dicho 2 se nos advierte de la necesidad de un compromiso personal: El que busca no debe cesar de buscar hasta que encuentre, y en el Dicho 94 encontramos una promesa: El que busque encontrará y al que llame se le abrirá.

El Dicho 1 no se refiere a una comprensión intelectual, si no a la vivencia o experiencia que Jesús llama el Reino de los Cielos o de Dios, que es la que Él proclamó y acercó, según la fe cristiana. A ella apuntan todos los evangelios. Quien experimenta el Reino, la Vida, la Luz, sabrá que esa luz no muere y la muerte corporal perderá su aguijón (1Cor.55).

  • El Reino de Dios

San Juan dice: Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna (1Jn.1, 5) y también: Es […] la luz verdadera ilumina a todo hombre cuando viene a este mundo (Jn.1,9). En el Dicho 50 del EdT Jesús dice: […] Hemos venido de la luz, allí donde la luz ha nacido de sí misma […] Somos sus hijos y somos los elegidos del Padre Viviente El foco principal y reiterado de éste Evangelio es la realización de esa luz. Por ejemplo, en el Dicho 24 Jesús contesta a sus discípulos que le interrogan sobre dónde buscar: […] ¡Que el que tenga oídos oiga! Hay luz en el interior de un hombre de luz, e ilumina al mundo entero. Si él no ilumina, son las tinieblas. La luz irradia de quien la reconoce y cultiva como su sí mismo. Esta realización es el eje del mensaje cristiano, como lo expresa por ejemplo San Pablo al decir que sufre […] dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vosotros (Gal 4,19) porque somos […] templos de Dios y su Espíritu mora en nosotros (1Cor. 3.16).

En el Dicho 3 del EdT, Jesús dice: El Reino está dentro y fuera de vosotros y en el 113 […] el Reino del Padre está esparcido sobre la tierra y los hombres no lo ven. El Reino en la consciencia humana tiene que ver, en una primera instancia, con cierto grado de experiencia de la luz o atención que nos constituye y que emana de Dios, que es pura Luz o pura Atención.

Todo lo que llega a nuestra consciencia es percibido por la luz de la atención (aunque ésta sea muy abierta y no intencional) y la luz/atención, mediada por el cerebro/organismo, tiene su fuente en la Luz/Atención divina. Sin embargo, la luz/atención por la que conocemos todo y que es nuestro si mismo (Dicho 67), nos suele pasar desapercibida: El Reino del Padre está dentro y esparcido sobre la tierra…y los hombres no lo ven.

Pero como se menciona, el Reino del Padre, que está dentro, la luz/atención de nuestro si mismo, está también esparcida en toda la creación.  San Pablo se refiere a ella como Cristo: Por Él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra, todo lo visible y todo lo invisible porque “Cristo es el Todo y en todos” (Col.3:11) y San Juan lo hace en términos de Palabra o Verbo […] por el que todo fue hecho (Jn.1, 3).  En el EdT Jesús, como Cristo encarnado, dice: Yo soy la luz que está sobre todos ellos. Yo soy el Todo. El Todo ha salido de mí y el Todo ha llegado a mí. Hendid la madera: yo estoy allí; levantad la piedra y me encontraréis allí.” (Dicho 77).

Desde esta perspectiva, más comprehensiva que la anterior, también verificamos el Dicho 113: […] el Reino del Padre está esparcido sobre la tierra (integrado en la creación) y los hombres no lo ven. Como refiere San Lucas: si los seres humanos callan, las piedras proclamaran la grandeza de Dios (Lc.19.40). La inefable grandeza de la naturaleza, de la creación, en efecto, lo proclama en un Alguien que sabe conocerla y se sabe conocedor. El Reino es el tesoro oculto que siempre permanece, la piedra angular descartada por los constructores, como ya quedó indicado.

El Reino en plenitud implica la experiencia sin dualidad de la Luz/Atención. La  consciencia inundada o devenida en Luz/Atención es, como dije, de  Ser, de ser en Dios o en Cristo, de Silencio (es decir, atención sin contenidos, pura atención), de Amor  (ver VII Final). Esta es la unión con el Padre que Jesús le pedía que fuera accesible para todos. Es la Paz que Jesús nos deja y nos da (Jn.14, 27), la que en el EdT anuncia con las palabras reposo (Dicho 90) y descanso (Dicho 60), como veremos.[10]

Aunque la Realidad (Todo) y la experiencia del Reino en plenitud sea no dual, más fácilmente, en nuestra vida cotidiana, podemos tomar consciencia de la luz/atención desde una dualidad, siendo testigos de que en ella (parafraseando a San Pablo) nos movemos, existimos y somos, desde de un yo psicológico que mantiene conciencia de sí mismo. Como he indicado, esto implica una voluntad consciente en el ahora que establece una instancia observadora respecto del contenido mental. Mantener esa instancia requiere normalmente práctica y, frecuentemente, se utiliza para ella la llamada Oración Continua. La recomendación evangélica de velad demanda presencia en la consciencia.

La consciencia de la luz/atención da entrada inmediata al amor como cualidad fundamental inherente a nuestro  si mismo. Con mayor o menos intensidad vivenciaremos que estamos hermanados en un ámbito que, dándonos el ser, no es propiamente “nuestro”.

El Reino como consciencia de la luz/atención, es una realidad que podemos experimentar en una infinita gradación: De la luz/atención (en la dualidad) a la Luz/Atención (sin dualidad) pero, en todo caso, estas experiencias se mueven en el entorno de la no dualidad, en cuanto que en ellas la consciencia de la atención, de la luz, está presente en todo.

La experiencia de la luz/atención, en el grado que fuere, transforma sin saber cómo (Mc.4, 26-27) nuestro yo psicológico habitual en congruencia con los regalos que del Reino provienen (ver más adelante). Esta armonización es también una no dualidad propia del Reino. Como se dice en la oración al final de este escrito: “Que nuestros pensamientos, palabras y actos sean siempre Sus pensamientos, Sus palabras y Sus actos.

Roberto Pla expone con claridad y maestría:

[…] “la proclamación de la Buena Nueva, el tiempo que Jesús anuncia que se ha cumplido, es el de enseñar públicamente que Dios y el hombre esencial no son dos cosas distintas, sino una sola identidad que hay que descubrir y reconocer. El tiempo de saber eso, que el Ser del mundo no es plural, que no es una dualidad, se cumplió, en efecto, para los conocedores del evangelio, hace veinte siglos y sigue vigente para todos los conocedores que han venido después. Incluso para los que ahora viven. El tiempo se ha cumplido. Dios y la esencia del hombre son una sola cosa, y ese es el conocimiento primero que enseña el evangelio, el conocimiento que abre las puertas del alma a los cambios de la redención.[11]

 

  • Otras consideraciones sobre la realización del Reino

Jesús ha dicho: Cuando engendréis esto en vosotros, lo que tenéis os salvará. Si no tenéis esto en vosotros, lo que no tenéis en vosotros os hará morir (Dicho 70). “Esto”, en el Dicho, es el núcleo espiritual de Luz/Atención que nos constituye, el si mismo oculto, sepultado, al que nos corresponde dar vida. Es Cristo en nosotros en espera de su gloriosa manifestación (Gal. 4, 19), el interior del que manan fuentes de agua viva (Jn. 7,38).

Jesús nos explica que “esto” es semejante al principio, en el que hemos venido al mundo vacíos (Dicho 28) y dice: Pues allí donde está el principio, allí será el fin. Bienaventurado el que se mantenga en el principio, pues conocerá el fin y no probará la muerte (Dicho 18). Al principio aludido lo representa el niño que mama (Dicho 22) pues, como hemos indicado, su consciencia, su mente, no tiene contenidos ni separaciones, su yo psicológico no está aún formado, es manifestación inmediata de la Luz/Atención (Jn.1, 9).  Bienaventurado el que era antes de haber sido […] (Dicho 19), sigue aclarando Jesús. Conservar en la vida la Presencia, la consciencia de la luz/atención, es su recomendación.

En el Dicho 37 Jesús nos dice algo necesario para ello: Sus discípulos dijeron: ¿En qué día te revelarás a nosotros? ¿En qué día te veremos? Jesús dijo: Cuando dejéis vuestras vergüenzas, cuando toméis vuestros vestidos, los pongáis a vuestros pies como los niños pequeños y los pisoteéis; entonces veréis al Hijo de Aquel que está Vivo y no temeréis. Mente despejada, mantener una no identificación, una distancia observadora, respecto de los contenidos mentales. Cuanto más libres del dominio, incluso de la presencia, de la mente podamos estar, más cerca de la Luz del Reino.

  • Lo que Jesús sintió como misión

Jesús experimentó de manera paradigmática la Luz/Atención, Cristo, a la que llamó Padre […] me han sido dadas las cosas de mi Padre […] (Dicho 61), y como Cristo encarnado, dijo: Me he mantenido en medio del mundo y me he revelado en la carne […] (Dicho 28).

Cuando Jesús dice: […] los zorros tienen madrigueras y los pájaros tienen nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene lugar para apoyar la cabeza y reposar (Dicho 86, Mt 8.20; Lc. 9.58) se refiere a la inmaterialidad del Hijo del Hombre, la luz en el interior (Dicho 28), que no se apoya en nada físico. Jesús, como Cristo, está en un estado de unión con el Padre, de presencia y plenitud en la Luz/Atención. Ese es su hogar y su descanso.

Jesús sintió la intensa necesidad de ayudar a que pudiéramos llegar a compartir su experiencia/conocimiento del Reino, y así lo expresó: Os daré lo que el ojo no ha visto, lo que la oreja no ha oído y lo que la mano no ha tocado ni ha llegado al corazón del hombre (Dicho 17). Es decir, Vida, Vida en abundancia (Jn. 10.10), Presencia en la consciencia y amor.

Y también dijo: He venido a traer un fuego sobre el mundo y he de preservarlo hasta que lo incendie (Dicho 10). El fuego representa un conocimiento y una depuración, un Espíritu (Jn. 14-17)) que ayuda en el proceso de metanoia (entrar en una mente mayor, ámbito de la Luz/Atención) que nos acerca al Reino En este mismo sentido dijo: Aquel que está cerca de mí, está cerca del fuego, y el que está lejos de mí, está lejos del Reino” (Dicho 82).

Para acercarnos al Reino, Jesús nos invita: Venid a mí, pues mi yugo es bueno, y dulce es mi dominio; y hallaréis reposo para vosotros (Dicho 90), y también […] buscad un lugar para vosotros en el descanso […] (Dicho 60). La paz, el reposo, el descanso, es el necesario encontrarse a si mismo (Dicho 67), el Reino, del que proceden los frutos y dones que transforman nuestra alma (entendida como sistema psíquico), como veremos.

Una indicación interesante de la aportación de Jesús se expresa en el Dicho 46, en el que dice: Desde Adán hasta Juan el Bautista […] no lo hay más elevado que él, de modo que sus ojos no serán destruidos. Pero yo he  dicho: Aquel que entre vosotros se vuelva pequeño conocerá el Reino y será más elevado que Juan (Dicho 46). Jesús valida el modo de conocer de Juan el Bautista, pero señala a un conocimiento más completo que es propio del Reino. Éste está a las puertas, se ha vuelto más accesible y también Nuevo. Como dice San Pablo: Pues por Él tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu (Ef. 2, 18).

Jesús nos invita a una transformación completa, a que el Cristo eterno, la Luz/Atención que de hecho nos constituye pero que está oculta, enterrada, se haga plenamente manifiesta en los seres humanos: El que abreve en mi boca se volverá como yo, y yo también me volveré él, y lo que está oculto se revelará (Dicho 108).

Jesucristo quiso acercarnos a la Vida del Reino (realización de nuestro sí mismo) con sus enseñanzas, diciéndonos que debemos buscar el pan nuestro de cada día (ver punto V) y prometiendo la presencia perdurable de su Espíritu (ver punto VII Final).

Con ello nos enseña y ayuda a dar sentido a nuestra vida y a cumplir el destino humano de realizar la Luz que esencialmente somos.

  • Lo que Jesús nos exhorta a buscar y encontrar

En Dichos 1, 2 y 94, ya mencionados, Jesús nos exhorta reiteradamente a buscar para encontrar el Reino. Otros Dichos nos insisten en que acceder al conocimiento/experiencia del Reino que está en nosotros es la tarea prioritaria de la vida porque en el Reino encontramos nuestro ser real (recordemos, por ejemplo, el Dicho 70 ya mencionado). El Dicho 107 nos reitera esa prioridad: El Reino es semejante a un pastor que tenía 100 ovejas. Una de ellas, la más gruesa, se perdió. Él abandonó a las 99 y buscó la Única hasta encontrarla.

A la tarea de encontrar y desarrollar en nosotros ese conocimiento/experiencia se refieren muchos de los Dichos, algunos directamente referidos al conocimiento de nuestra interioridad o bien a la capacidad cognitiva (ambos apuntan a lo mismo), por ejemplo:

Dicho 3: […] Cuando os conozcáis a vosotros mismos, entonces seréis conocidos y sabréis que sois los Hijos del Padre Viviente; más si no llegáis a conoceros, estaréis en la pobreza, seréis la pobreza. Desde el inicio, el foco en la tarea,

Dicho 5: Conoce lo que está delante de tu rostro y lo que está oculto te será revelado; porque nada hay oculto que no pueda ser manifestado. Recordamos, […] el Reino  está esparcido por toda la tierra y los hombres no lo ven. Delante de nuestro rostro está la luz/atención mediante la cual nos hacemos conscientes de todo, un todo que a su vez está permeado de realidad divina. La luz/atención nos  revela lo que está oculto, nuestro verdadero si mismo, con la intensidad variable a la que nos hemos referido.

Dicho 15: Cuando veáis al que no ha sido engendrado de mujer, prosternaos sobre vuestro rostro y adoradle: ese es vuestro Padre.

Dicho 59: Mirad hacia aquel que está vivo en tanto que vivís, por miedo a que muráis buscando verle y no le lleguéis a ver”.

Dicho 111: […] el Viviente salido del Viviente no conocerá ni muerte ni temor. Por eso dice Jesús: No es digno el mundo de aquel que se encuentra a sí mismo.”  El Dicho 56 dice algo análogo: El que ha conocido el mundo ha encontrado un cadáver y el que ha encontrado un cadáver, el mundo no es digno de él.

Jesús nos previene reiteradamente de que no nos identifiquemos con las cosas del mundo: Si no ayunáis del mundo, no encontraréis el Reino  (Dicho 27). Para quién celebra la Vida, el sí mismo, el mundo es apariencia con la que deja de estar identificado. De hecho, el mundo ya habrá cumplido su misión de despertarnos.  En el Dicho 42 Jesús nos dice: Sed transeúntes[12]. Volveré sobre este tema al tratar del Desprendimiento y en Otras indicaciones.

Por supuesto, esto no quiere decir que no nos impliquemos en el mundo o que no lo disfrutemos, solo que lo hagamos desde otra perspectiva, con otro conocimiento, manteniendo la Presencia e incorporando los frutos y dones que del Reino provienen. Los Dichos 33 y 73 aluden a ello.

  • Es fácil no darse cuenta y no buscar

Jesús nos previene de lo fácil que es que, absorbidos por nuestra mente, la presencia del Reino nos pase desapercibida y/o incluso nos sea hurtada por estímulos que acaparen nuestra luz/atención. También nos advierte con relación a la necesidad de un trabajo sobre nuestra interioridad para descubrirlo:

Dicho 97: El Reino del Padre es semejante a una mujer que lleva una jarra llena de harina. Mientras anda por un camino lejano, el asa de la jarra se rompe y la harina se derrama detrás de ella sobre el camino. No se da cuenta y no descubre la desgracia. Cuando llega a su casa, pone la jarra en el suelo y la encuentra vacía.  Los dichos 74 y 75 nos señalan lo fácil que es quedarse en las inmediaciones del Reino sin llegar a entrar en él.

El Dicho 109 nos habla de un campo en el que había un tesoro escondido que no era conocido. Tras pasar la propiedad del padre al hijo sin que ninguno de los dos lo descubriera, el hijo lo vendió a un tercero que […] trabajándolo encontró el tesoro […] del que pudo sacar rentas.

Los riesgos de ser “comidos” por el mundo son enormes. El Dicho 7 lo expresa con contundencia: […] manchado queda el hombre a quien el león devora (la mente, especialmente en sus aspectos egóticos, los estímulos del mundo etc.) y deja que se convierta en hombre” (Dicho 7), y en el mismo sentido, […] Vosotros también buscad un lugar para vosotros en el descanso (el Reino, según hemos visto) de modo que no os volváis cadáveres y os coman. (Dicho 60).

Uno se vuelve cadáver (o es devorado) cuando se identifica, cuando su luz/atención queda cautivada por el contenido y en situación de permanente olvido. Debemos ser cuidadosos con aquello con lo que ocupamos nuestra mente.

En el Dicho 28 Jesús expresa algo que nos interpela: […] Los he encontrado a todos ebrios, sin que ninguno de ellos tuviera sed […]Cuando hayan expulsado el vino se convertirán.

 

  • Los regalos del Reino

Dice Mateo: Buscad el Reino de Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura. (Mt. 6,24-34). Con ello alude a que al acercarnos al ámbito de la Luz/Atención se despliegan las cualidades que, sin saber cómo, gradualmente, nos transforman (Mc. 4, 26-27). Jesús destaca la gran fecundidad y bondad de lo que de esa fuente proviene y dice: El Reino del Padre se parece a un hombre que tenía una buena simiente […] (Dicho 57).

En la varias veces aludida parábola del sembrador, ¡la principal!, (Dichos 9, 20, 96) se dice que cuando la semilla cae en buena tierra (cuando es debidamente atendida) ésta tiene la cualidad de crecer por sí misma y de dar fruto hacia el cielo (Dicho 9).

La extraordinaria fecundidad de esa semilla o de la levadura (que representan al sí mismo), y la bondad de lo que de ella proviene es realzada reiteradamente por Jesús, por ejemplo:

Dicho 20: […] El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza, la más pequeña de todas las semillas; pero cuando cae sobre tierra cultivada, produce una gran rama y se convierte en abrigo para los pájaros del cielo.

Dicho 96: El Reino del Padre es parecido a una mujer que ha tomado un poco de levadura, la ha escondido en la masa y ha hecho con ella grandes panes. ¡Que aquel que tenga oídos, oiga!

San Pablo menciona los frutos y dones del espíritu (amor, gozo, paz, paciencia, bondad, lealtad, gentileza, dominio de sí, sabiduría, fe, discernimiento, entre otros (Gal 5.22, 1Cor 12.7) que no son muy diferentes a las consecuencias positivas que actualmente se atribuyen a la práctica de la atención plena.

Jesús explicita su principal mandamiento como fruto de nuestra comunidad en el Reino, la fuente oculta en todos nosotros:

La brizna que hay en el ojo de tu hermano la ves; pero la viga que hay en tu ojo no la ves. Cuando hayas sacado la viga de tu ojo, entonces verás para sacar la brizna del ojo de tu hermano  (Dicho 26), y: Ama a tu hermano como a tu alma; vela por él como la niña de tu ojo (Dicho 25). Nuestro acceso y progreso en la luz/atención nos irá abriendo sin saber cómo a una mayor comprensión y amor/compasión, en cuanto que la hermandad entre todos los seres será más profundamente sentida. También a una mayor ecuanimidad, espero: Una mayor tolerancia de las polaridades sin que ello implique pérdida de criterio o rumbo.

Jesús nos previene de que el potencial multiplicativo de la semilla también opera en un sentido inverso: A quién tenga en su mano se le dará, y a quién no tenga, incluso lo poco que tiene le será quitado (Dicho 41). Lo que tiene en su mano es “esto”, consciencia de su luz/atención (ver Dicho 70 y comentario anterior).

Dios, Cristo, la Luz, la Atención, el Ser, trasciende a cada uno de nosotros con una individualidad que se ha comparado con la ola en el mar, el copo en la nieve, la estrella en el cosmos, etc. Tal individualidad va más allá de las diferencias atribuibles a la herencia o al entorno, por ejemplo: El estilo identificable de un artista, una manera característica de aprender o una vocación o cometido muy marcado.

En definitiva, el fruto hacia el cielo que la parábola nos anuncia como consecuencia de cuidar nuestra semilla de luz/atención, así como los “mandamientos” que de ella provienen, deben dar lugar a una progresiva transformación de nuestro yo habitual de manera que éste gane en cualidades y autenticidad, al tiempo que se “empobrece” deviniendo menos autorreferencial y más abierto a una voluntad que solo es suya en un sentido superior. Esta es la gloriosa libertad de los  hijos de Dios (Rom. 8,21).

 

 

 

 

 

 

IV El Reino. Otra superación de la dualidad.  Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

 

Para que lo que viene del espíritu sea efectivo en nuestro yo psicológico, es necesario aproximarnos a cumplir con el consejo de Jesús: […] aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón […] (Mt. 11,29). Aunque esta mansedumbre es un don en sí misma, puede ocurrir que haya fuertes prejuicios que actúen como barreras infranqueables para que su palabra se haga en nosotros. En tal caso, se cumpliría la advertencia de Jesús: […] No es posible a un servidor servir a dos señores pues honrará a uno y ofenderá al otro […] (Dicho 47).

El Reino implica el doble proceso de la experiencia de la luz/atención, que puede llegar a ser no dual, y también el de la transformación del yo psicológico como consecuencia y en armonía con lo que dimana del Reino. Ambos aspectos constituyen la metanoia que anuncia Jesús.

Los rasgos incorporados al yo psicológico que no son afines al si mismo (culpas, miedos, ambición etc.) se deben ir “quemando” (aminorando, desapareciendo), liberando la energía o conciencia cautiva en ellos, mientras que lo que es afín al si mismo (frutos y dones) debe crecer. A este respecto también podríamos citar el Dicho 41, ya mencionado.

El EdT es insistente con relación a la necesidad de superar la dualidad (o procurar la unificación) entre el yo psicológico y nuestro sí mismo. Cito algún Dicho:

Dicho 48: Si dos hacen las paces entre ellos en esta misma casa (psíquica/espiritual), dirán a la montaña: desplázate, y ella se desplazará. El logro definitivo de la unificación es una obra mayor de transformación de la mente que solo es posible por la fe en nuestra esencia divina y por la perseverancia en la práctica de la presencia que ella otorga. Con ello, la transformación se nos irá dando por añadidura. ¿Y quién sabe el poder de un ser verdaderamente unificado? Jesús es el ejemplo paradigmático.

Dicho 61: Hay dos que reposan en un lecho, uno morirá (lo que será quemado), el otro vivirá […] cuanto sea unido estará lleno de Luz, pero cuanto sea separado estará lleno de tinieblas.”

Para referirse a la metanoia de unificación, el EdT utiliza con frecuencia el símil de la unión entre lo femenino (alma, psique) y lo masculino (atención, espíritu). Por ejemplo:

Dicho 22: […] Cuando hagáis de dos uno, y cuando hagáis lo que está dentro (sí mismo, luz/atención) como lo que está fuera (mente, alma) y lo que está fuera como lo que está dentro […] a fin de hacer el varón con la hembra una sola cosa, de modo que el varón no sea varón y la hembra no sea hembra […] entonces entraréis en el Reino.

Dicho 75: Hay muchos que están junto a la puerta, pero son los “únicos” los que entrarán en la cámara nupcial (Reino)”. Los Dichos 16, 23 y 114 también hacen referencia a los únicos o unificados como los que culminan un proceso.

Es de notar que la idea de integración de alma (psique, femenina) y luz/atención, espíritu (masculino) la encontramos también en el proceso de individuación estudiado en la psicología junguiana. Este es el “descanso” o el “reposo” al que aluden los Dichos 60 y 90, antes mencionados. Según escribe Cynthia Bourgeault en su estupendo libro “El Jesús de la Sabiduría”, con la unificación nuestro ser interior descansa y esta apacibilidad fluye hacia el mundo exterior como sabiduría y compasión.[13]

El Dicho 4 añade un matiz interesante: El hombre maduro no dejará de interrogar durante sus días a un niño de siete días respecto a su lugar en la vida. Sabrá que muchos primeros serán últimos y que estos serán unificados.

El hombre maduro (con muchos contenidos mentales) verá en el recién nacido quién es él realmente (Luz/Atención) y comprenderá  que ella es la que perdura (primeros que serán últimos) así como que habrá durante su vida o al final de ella algún tipo de unión con su núcleo de ser o si mismo.

Tal unificación puede suponer una “contribución” al ámbito divino como consecuencia de la propia vida. A un significado de este orden puede apuntar el Dicho 57: El Reino del Padre se parece a un hombre que tenía una buena simiente. Su enemigo vino por la noche y sembró cizaña entre la buena semilla. El hombre no les dejó arrancar la cizaña, por miedo –les dijo – a que vengáis a arrancar la cizaña y arranquéis el trigo con ella; en efecto, el día de la cosecha, las cizañas se manifestarán y serán arrancadas y quemadas.

Lo primero a resaltar es que el trigo y la cizaña crecen en el mismo campo, es decir, se nutren de la misma fuente de luz/atención. El enemigo, que viene cuando no hay luz, es una mente no alineada con la Esencia de la que proviene. Sin duda, con la cosecha (experiencia de la Luz/Atención) la cizaña (lo autorreferencial de pensamientos, deseos, apegos etc. en el yo psicológico) pierde vigor al darse cuenta de su incongruencia con la fuente de la que proviene y, en todo caso, de su no existencia real. El Dicho 40 lo expresa muy bien: Una cepa de viña ha sido plantada fuera del Padre y como no se ha fortalecido, perecerá.

También es interesante la recomendación de no arrancar la cizaña en tanto la espiga pueda seguir creciendo. El riesgo de ese tipo de intervención es grande y quizá sea de aplicación otro Dicho de Jesús: Si un ciego conduce a otro ciego, caen los dos en una fosa (Dicho 34).

Pero, según la parábola deja entender, puede haber un buen fruto, mayor que la semilla empleada en la siembra (Dicho 41). Podría también ser que el día de la cosecha sea el de la muerte, en el que se queman o mueren todos los contenidos mentales. En tal caso, algo, de alguna manera que no podemos ni imaginar, añadirá o cualificará al ámbito divino y perdurará.[14]

 

 

 

 

 

 

V –  El camino hacia el Reino. El pan nuestro de cada día dánosle hoy

 

Los medios para la metanoia que los evangelios señalan son, fundamentalmente, la atención, el desprendimiento y la limpieza de corazón. Siguiendo con el EdT, menciono algunos de los Dichos al respecto:

Atención: Jesús nos recomienda […] Vosotros, velad frente al mundo, ceñíos vuestras cinturas con gran fuerza para que los ladrones no encuentren su camino para llegar a vosotros, pues lo necesario con que contáis, lo encontraran […] (Dicho 21) porque: No es posible que alguien entre en la casa del fuerte y la tome por la violencia […] (Dicho 35), y se refiere a la necesaria fuerza (Dicho 103) o voluntad para practicar el velad que evita que se nos arrebate nuestra capacidad para actualizar en nosotros la Presencia del descanso del Reino. Si nos dejamos robar la luz/atención (aunque sea por nuestra propia mente), las posibilidades de desarrollar nuestra interioridad desaparecen.

En el párrafo anterior se expresa una impresionante llamada a estar despiertos y atentos para evitar que nos pase desapercibida nuestra esencia, el sí mismo, el tesoro escondido que somos, el Reino. El consejo es: ejercita la pobre luz/atención consciente a la que podemos acceder para que, al fortalecerla, tengamos más capacidad para ser dueños de nuestra mente y pueda aflorar la experiencia de la Luz/Atención que realmente somos.

Hay, claro, muchas maneras de ejercitar la luz/atención. En apartados precedentes me he referido a dos tipos de prácticas: Una puntual e intensiva, referida a un lapso de tiempo concreto, en la que incluso es posible (si bien no fácil)  experimentar sin dualidad la Luz/Atención en la medida en que nos “liberamos” de la mente, y otra en la que se mantiene la dualidad, es decir, la conciencia del observador. Esta última práctica, como ya he indicado, nos mantiene en la Presencia y en la muy necesaria vigilancia. Jesús nos recomienda orar siempre y no desmayar (Lc. 18.1).

Evidentemente, hay muchos tiempos en los que necesitamos una luz/atención totalmente concentrada para realizar una tarea, pero hay muchos otros en los que podemos estar presentes en ella con una intensidad que dependerá de las circunstancias.

Las prácticas para llevar a la consciencia la luz/atención son una verdadera oración a nuestro divino sí mismo, como lo expresa Nicolas Malebranche en la, en principio, enigmática frase: La atención es la oración natural que hacemos a nuestra verdad interior con el fin de que ésta se manifieste en nosotros.”

Como apunté en las “Aclaraciones”, en la medida en que la mente se va clarificando, vamos tomando consciencia de una Luz/Atención que no es “nuestra”,  que encontramos: Lo que somos. Comprendemos entonces mejor lo que dice San Pablo con relación a la ayuda que nos presta el Espíritu en la oración (Rm. 8,26-27).

Termino compartiendo una comunicación que he recibido hoy[15] de Laurence Freeman en la que cita al Bhagavad Gita: “Quienes encuentran el silencio en sus tareas y quienes ven en el silencio una tarea, esas personas ven la Luz y encuentran la paz en todas sus tareas (B.G 4.18).

Desprendimiento: Jesús ha dicho: No os preocupéis de la mañana a la noche y desde la noche a la mañana por lo que habréis de vestir (Dicho 36), los asuntos de la mente, y el ya citado y explícito Dicho 37. De forma práctica, Jesús nos aconseja: Que el que ha llegado a ser rico pueda volverse rey, y aquel que posee el poder pueda renunciar (Dicho 81), es decir, no ser “poseído” por ellos. Y en el mismo sentido: Que aquel que ha encontrado el mundo y se ha hecho rico pueda renunciar al mundo (Dicho 110). Jesús nos reitera la Bienaventuranza de los pobres (Dicho 54) y a sensu contrario nos dice: […] Vuestros Reyes y grandes personajes llevan sobre sí vestiduras delicadas y no podrán conocer la verdad (Dicho 78). No  estar cautivados por el mundo y abajar la dominancia del yo psicológico, es la propuesta de Jesús, como quedó apuntado antes. El desprendimiento material es solo un aspecto de una no identificación mucho más amplia.

Hacerse niño pequeño, de los que maman, quitarse y pisar las vestiduras, etc., son imágenes potentes de dejar lo accesorio y quedarse con lo esencial: La luz/atención, la Presencia, el Reino. Para Jesús, no estar identificados con los asuntos del mundo, guardar una distancia observadora es principal. Recordamos su consejo: sed transeúntes.

Limpieza de corazón: Como dice la Bienaventuranza, hace referencia a la claridad de visión para percibir en el Reino. Como hemos venido viendo, es la mente despejada o limpia la que da lugar a esa visión. Jesús ha dicho: ¿Por qué laváis el exterior de la copa? ¿No comprendéis que el que ha hecho el interior es también el que ha hecho el exterior? (Dicho 89) y, entiendo que en el mismo sentido: […]  Pero vosotros sed sutiles como las serpientes (perceptivos, abiertos al Reino) y puros (con mente limpia, mansos y humildes) como las palomas (Dicho 39). Me he referido anteriormente a los Dichos 7 y 60 como ejemplo de los peligros que manchan o devoran al ser humano.

Atención y desprendimiento facilitan la limpieza de corazón. La atención es un fuego devorador que nos acerca al Reino en la medida en que debilita la dominancia y la interferencia del yo psicológico cuando su participación no es deseada. De esta manera, puros, nos aproximamos al Reino que está (es) en nosotros.  

En el Dicho 68 se expresa una sucinta pero contundente conclusión: Bienaventurados seréis cuando se os odie, cuando se os persiga y no se encuentre lugar (un yo) allí donde se os ha perseguido”.  Bienaventurados somos cuando nos distanciamos del yo con el que nos identificamos, y vamos, en su lugar, engendrando esto (núcleo espiritual, sí mismo) en nosotros, que nos salvará (Dicho 70).

El Dicho 69 anuncia algo complementario: Bienaventurados los que son perseguidos en su corazón, pues estos son los que han conocido al Padre en verdad. Bienaventurados los que están hambrientos, pues se llenará el vientre de quién lo quiera.  Entiendo que Jesús nos dice, por un lado, que son bienaventurados los que han encontrado su centro (esto, si mismo) y  mantienen la conexión o presencia en él a pesar de las dificultades (y distracciones). Por otro lado, anuncia plenitud a los hambrientos, a quienes desean y buscan sentido porque quizá experimentan un vacío o una tristeza vital.

La importancia de la fidelidad a nuestro centro, esto, a nuestro corazón, como también lo llama Jesús, a pesar de las dificultades y tentaciones, es resaltada  al decirnos que hemos de llevar nuestra cruz para ser dignos de Él (Dicho 55). Un sentido parecido me parece que tiene el Dicho 58: Bienaventurado el hombre que ha sufrido (se ha esforzado)[16]; ha encontrado la vida. El sufrimiento como maestro del desprendimiento y estímulo para la búsqueda de un mayor sentido que nos lleve al encuentro de la Vida. Creo que esto es válido tanto para el sujeto que sufre como para quienes son testigos de ese sufrimiento. Gracias hemos de darles.

 

 

 

 

 

 

VI – Otras indicaciones

 

En el EdT hay referencias adicionales a cómo la Luz/Atención está ocultada y a nuestra tarea de hacerla explícita, notablemente en el Dicho 83: Jesús ha dicho: Las imágenes son manifestadas al hombre; y la luz que hay en ellas está escondida. En la imagen de la luz del Padre ella se revelará, y su imagen será ocultada por su luz.

Este Dicho, críptico en su primera lectura, lo leo así: La luz/atención nos permite tomar consciencia de las imágenes del mundo, pero no somos normalmente conscientes de ella; las imágenes “tapan” la luz/atención  que nos permite verlas al igual que lo hacen los pensamientos y demás contenidos mentales. El “mundo” de nuestra consciencia habitual es una imagen de la luz, de la atención, que nos permite verlo. El mundo es, pues, una imagen del Padre (de la Luz/Atención), del que proviene la luz/atención con que lo vemos. Pero es precisamente “atravesando” esa imagen como llegamos a la experiencia de la Atención, de la Luz, que es mucho más relevante que la falsa imagen que de ella se percibe.

La resonancia con 1Jn. 3,2 es grande: Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como él es.

Otro Dicho con aspectos crípticos es el 50: Jesús ha dicho: Si os dicen: “¿De dónde habéis venido?”, decidles: “Hemos venido de la Luz; allí donde la Luz ha nacido de sí misma, se ha alzado y se ha revelado en su imagen”. Si os dicen: “¿Quién sois?”, decid: “Somos sus hijos y somos elegidos del Padre Viviente”, si os preguntan: “¿Cuál es el signo de vuestro Padre que está en vosotros?”, decidles: “Es un movimiento y un reposo.”

De nuevo, se dice que la Luz se ha manifestado en las imágenes del mundo, en los contenidos de la conciencia y en ella misma: somos hijos de la Luz. Se añade ahora la referencia al dinamismo que esta Luz tiene como origen, fuerza evolutiva y sostén de todo lo creado (por la que todo fue hecho), inclusive los seres humanos y la extraordinaria creación que tiene lugar a través nuestro. Al darnos cuenta de la luz/atención, ella se reconoce y su ingente dinamismo tiene un último sentido referido a la propia Luz/Atención, puesto que Ella es única, permanente, reposa en ella misma.

Lo que venimos considerando resuena con el Hadith islámico: Yo era un Tesoro Oculto y quise ser conocido. Por consiguiente Yo creé la Creación que podría conocerme. “Ser conocido” implica también conocerme.

 

 

 

 

 

 

VII– Final. No nos dejes caer en la tentaciónde olvidarnos de quienes somos.

Según termino de escribir lo que precede recibo una circular de Richard Rohr, Franciscano, fundador e inspirador del Center for Action and Contemplation (CAC). Me parece tan oportuna con relación al mensaje fundamental del EdT que no puedo por menos de traducirla y compartirla:

“Últimamente he estado pensando en cómo la búsqueda de Dios y la búsqueda de nuestro yo más profundo terminan siendo la misma búsqueda. Esta idea no es exclusiva mía, pero se me ha ido haciendo más cierta a medida que me he ido haciendo mayor. Teresa de Ávila expresó a menudo la maravillosa idea de que uno encuentra a Dios en uno mismo y uno se encuentra en Dios. ¡Ambas son ciertas! Y cuando uno experimenta esto y descubre nuestra cercanía e inherente amor, puede descansar profundamente en ello. De hecho, ese es el gran regalo de la visión contemplativa.

Lo que el CAC ha comenzado a llamar movimiento contemplativo cristiano es un redescubrimiento y una renovación de esta forma de ver en nuestras primeras tradiciones cristianas. En la contemplación (la práctica de estar plenamente presente en mente, cuerpo y espíritu) nos unimos en profunda solidaridad con otras tradiciones espirituales para trabajar hacia la sanación y restauración propia y de nuestro mundo. Apoyar esta transformación e inspirar acciones amorosas, haciendo que la sabiduría y las prácticas de las tradiciones contemplativas cristianas sean accesibles a personas de todo el mundo, es la misión del Centro para la Acción y la Contemplación (CAC)[17].

Contemplación y acción, es a lo que Jesús nos exhorta: […] Nadie, en efecto, enciende una lámpara para ponerla bajo el celemín, ni la pone en un sitio escondido […] sino que la pone sobre el lampadario para que quién entre y salga vea su luz  (Dicho 33), y señala la necesidad de la acción: La  mies es abundante y los obreros son poco numerosos. Rogad, sin embargo, al Señor para que envíe obreros para la mies (Dicho 73).

Hay incontables maneras de cumplir con el mandamiento de Jesús: Ama a tu hermano como a tu alma; vela por él como la niña de tu ojo (Dicho 25), y todas ellas ganaran en acierto y potencia si están nutridas por el silencio y la contemplación que nos acercan a algún grado de consciencia de la Luz/Atención que somos y está presente en todo (Dichos 67 y 77). En el amor fraterno también progresamos en la superación de la dualidad: Realizamos, perfeccionamos (1Jn. 4,12), el amor, la unión que nos es inherente.

También leo un pequeño fragmento de una obra de John Main, Benedictino, fundador de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana:

“El encuentro con la India y Oriente nos está enseñando algo que jamás deberíamos haber olvidado: que la esencia de la experiencia cristiana está más allá de la capacidad de expresión de ninguna cultura o forma intelectual. Esta es la “gloriosa libertad de los hijos de Dios” que, hablando con Bede Griffiths (1906 – 1993), se nos hizo muy claro que es la que hemos de restaurar en el corazón de la Iglesia para que pueda hacer frente creativamente a los retos que la acechan: el reto de la renovación de la vida religiosa contemplativa, el reto de encontrar unión en el Espíritu de todas las comuniones cristianas y el reto de abrirnos a las religiones no cristianas con el amor universal del Cristo presente en los corazones de todas las personas que la propia Iglesia tiene como cometido ayudar y encontrar. Para hacer frente a estos retos, cada uno de nosotros ha de estar personalmente anclado en la experiencia de Dios que Jesús personalmente conoció y que comparte con todos nosotros a través de Su espíritu”[18].

El último párrafo recoge, a mi parecer, el núcleo de la fe cristiana: Jesús, con su conciencia perfectamente abierta al Padre, pleno de amor y próximo a entregar su vida terrenal (lo que es testimonio de ello), nos dice que no nos dejará huérfanos, que volverá a nosotros en espíritu (otro Paráclito) y será dador de Vida, facilitador, instructor y guía para que el Espíritu de la Verdad, que de hecho ya mora en nosotros, sea apoyado o fortalecido para facilitarnos el acceso a la experiencia de unión con el Padre. […] atraeré a todos hacia mí, dice Jesús (Jn. 12,32). En términos de este escrito, para que la luz/atención despierte y se una a la Luz/Atención. En sucinto, este es el mensaje central de los importantísimos capítulos 14 a 17 del Evangelio de San Juan que San Pablo revalida: Vino a anunciar la paz (descanso): paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca. Pues por él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu. (Ef. 2, 17-18).

En el Dicho 17 del EdT Jesús enuncia su propósito o misión: “Os daré lo que el ojo no ha visto, lo que la oreja no ha oído y lo que la mano no ha tocado ni ha llegado al corazón del hombre”. (Roberto Pla nos advierte que San Pablo, al repetir este Dicho (1Cor.2-9), lo termina diciendo: “Lo que Dios preparó para los que le aman).” En el Dicho 92 Jesús nos anuncia su disposición para seguir instruyéndonos cuando para ello acudamos a Él.

El texto que a continuación copio recoge una idea central en el mensaje de John Main:

“Solo hay la oración de Jesús. La suya es la oración fundamental, la corriente o caudal de su conciencia abierta totalmente al Padre. La extraordinaria verdad de la proclamación cristiana es que cada uno de nosotros, donde sea que empecemos, estamos invitados a abrir completamente nuestra consciencia a la consciencia de Jesús y, en esa apertura, ser llevados fuera de nosotros mismos, más allá de nosotros mismos, a la corriente de amor consciente que fluye entre Jesús y su Padre. Este es nuestro destino personal y en esa experiencia nos hacemos completa y eternamente reales. La paradoja es conocerte por primera vez al estar perdido en Dios. Esto es lo que nos dice el evangelio, “Quien encuentre su vida, debe perderla” (Mt. 10,39).

La meditación es un camino seguro para perder tu propia vida, para perder la consciencia de ti mismo como una entidad separada, autónoma. Al perderla, te encontrarás unido a Dios y a toda la creación porque finalmente ya eres uno contigo mismo. Tu consciencia ya no está dividida ni confusa. Es simple: Es una en Dios.”[19]

Clara descripción de nuestra vida como un peregrinaje hacia la realización o actualización de la Divinidad  en la consciencia, que ya es divina sin saberlo.

Termino citando a mi admirado Roberto Pla cuando menciona su propósito al escribir la obra que tanto me ha iluminado:

“Nuestro único propósito real al escribir esta obra ha sido el de despertar el amor hacia el Cristo completo; y al decir el Cristo completo nos referimos conjuntamente al Cristo que murió por los hombres hace más de dos mil años en Jerusalén y cuyo amor ha sido fomentado por la exégesis manifiesta desde el principio del hecho cristiano, y al mismo tiempo al Cristo preexistente y eterno. Aunque ambos son uno solo, si se quiere entender al Cristo completo, no es posible prescindir del Cristo que desde el principio y desde que existió el primer hombre sobre la tierra yace olvidado, desconocido, crucificado en el interior de cada hombre, y que solo espera para revelar su presencia inmortal, divina, inseparable, ser invocado por el amor y la fe. Entonces llegará al interior de cada hombre la bienaventuranza verdadera de su resurrección.”[20]

“En cuanto a su venida, él viene siempre si lo ves y sabes entender que él es el que en ti mira. Él es el Viviente que te ve, desde el fondo insondable de ti mismo.”[21]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Oración de la unidad

 

Concédenos, Señor, la conciencia absoluta

y eterna de la Unidad.

Que nuestros pensamientos, palabras y actos sean

siempre Sus pensamientos, Sus palabras y Sus actos.

Que la mutación de nuestra conciencia en la Suya

no nos haga sentirnos elegidos Suyos.

Concédenos, Señor, morir para los atributos

al fin y para siempre.

Que la nada nos acoja y pacifique.

Que no florezca en nosotros la Unidad,

solo que la Unidad sea,

para que no aparezca manchada con la sombra nuestra.

Concédenos, Señor, que cese nuestra mente

por la muerte real o figurada.

Que algo de la mente recuerde cuando cese

que la mente suspendida es la Unidad.

Que la mente sepa y no olvide que, cuando cesa,

ella eres Tú.

Concédenos, Señor, que conozcamos

que todo nos ha sido concedido en el principio.

Que seamos felices con la felicidad que somos.

Que conozcamos con el conocimiento que somos.

Que amemos con la llama de amor que somos.

Concédenos, Señor, lo único que aún no

nos tienes concedido:

¡Que el Señor reconozca al Señor, en el Señor!

Roberto Pla

Notas

[1]La historia de este evangelio no es un aspecto esencial de este escrito, por lo que me he limitado a hacer una síntesis de lo que me ha parecido más relevante, tras consultar varias fuentes. Un buen y ameno relato de su apasionante historia se puede encontrar en el libro de Elaine Pagels, Los Evangelios Gnósticos, Ed. Crítica, así como la web de la Gnostic Society Library, entre otros muchos lugares.

Al llamarlo Evangelio de Tomás, sin calificar al apóstol de santo, se sigue la costumbre establecida de nombrar como santos solo a los autores de los evangelios canónicos, a pesar de ser Tomás un santo reconocido.

La lectura del libro El hombre templo de Dios vivo, exégesis oculta de la religión de Cristo a partir de comentarios al Evangelio según Tomás, de Roberto Pla Sales, fue para mí un gran descubrimiento, tanto por el propio evangelio como por sus comentarios. Estas páginas quieren recordar y agradecer su importantísima contribución al esclarecimiento del mensaje cristiano. No obstante, este escrito no está basado directamente en ese texto y solo pretende ser una introducción general al EdT.

[2] Jesús nos previene de este riesgo. En el EdT lo menciona en el Dicho 39: Los fariseos y los escribas han recibido las llaves de la ciencia (gnosis) y las han ocultado. No han entrado ellos y a los que querían entrar no les han dejado [] Algo semejante expresa el Dicho 102 y en Mt. 23,13; y Lc. 11,52.

[3] El hombre templo de Dios vivo, exegesis oculta de la religión de Cristo a partir de comentarios al Evangelio de Tomas.  Roberto Pla. Ed. Sirio. Pág. 37.

[4] Es de resaltar los numerosos y prestigiosos investigadores que han trabajado sobre este evangelio y que le otorgan una importancia fundamental. Por ejemplo, el Dr. Thomas Paterson cita a Helmut Koesler, de la Facultad de Teología de Harvard y Presidente de la Sociedad de Literatura Bíblica de EE.UU diciendo que: “Casi todos los especialistas en la Biblia  en EE.UU están de acuerdo en que el evangelio de Tomás es tan fehaciente como los evangelios del Nuevo Testamento”, y escribiendo que “Hay que conceder una autoridad igual al Evangelio de Tomás que a los Evangelios Canónicos, en un intento de reconstruir los orígenes del cristianismo” (Metálogos, pag. 27 y 28, Ed. Sirio). Algunos autores, como Stephen J. Patterson, Hans-Gebhar Bethge, y James M. Robinson, en su obra conjunta, lo denominan  “Quinto Evangelio”.

[5]  Op.Cit.pag.47

[6] San Pablo se refiere con frecuencia al Cristo preexistente y eterno, exteriorización o gloría de Dios, con un sentido semejante a Luz en el EdT o en San Juan.

[7] “Entréme donde no supe/ y quedéme no sabiendo/ toda ciencia trascendiendo”. Así comienza el poema de San Juan de la Cruz.

[8] Pido disculpas por el uso no siempre adecuado de las letras mayúsculas. He procurado no abusar de ellas y no lo he hecho en casos en los que seguramente procedería. En alguna ocasión las he empleado solo para marcar un énfasis en la palabra.

[9] Para más información sobre el tema, consultar www.galileocommission.org . En mi libro “Una Imagen del ser humano”, Ed. Nous, traté de este tema con mayor extensión y está explicado con maestría en “De la normalidad a la Salud” de Georg Kühlewind, Ed. Rudolf Steiner.

[10] Mary Oliver, en su poema “Entrando en el Reino”, describe maravillosamente la vivencia. Cito la parte central: El sueño de mi vida es descansar junto a un rio que discurre lento y contemplar la luz en los árboles… Aprender algo siendo nada, solo, durante un tiempo, la rica lente de la atención.

Devotions. Selected poems of Mary Oliver. Corsair poetry.

[11] Op. Cit. (pág. 849).

[12] Inevitable acordarse de León Felipe. “… Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo/pasar por todo una vez, una vez solo y ligero/siempre ligero.”

[13] El Jesús de la Sabiduría. Cynthia Bourgeault. Editorial Nous.

[14] . La unificación o boda mística afectaría a un “Resto que permanecerá… que no será exterminado” (Zac. 13,8-9). Roberto Pla indica que este “resto” correspondería a los “contenidos psíquicos espiritualizados que se “unirían” al sustrato puramente espiritual de Luz/Atención. Como él menciona, este podría ser el “botín” que nos llevamos de la vida, una “aportación” a la Luz/Atención divina. Hay breves referencias a este asunto en la obra de Pla citada, en los comentarios a los Logiones o Dichos 51,54, 57,60,81 y 87.

[15] Lent Reflexions 9/3/24

[16]  Esforzado, en la traducción de Stephen J. Patterson y James M. Robinson.

[17] Richard Rohr’s Daily Meditations 14/11/23

[18] John Main, Letter from the Heart. Recogido en Silence and Stilness in Every Season, pag.296

[19] The Way of Unknowing. Recogido en el libro Silence and Stillness in Every Season, Daily readings with John Main. Ed. Medio Media (WCCM), pag 337.

La práctica de la meditación en periodos concretos es ampliable a otros momentos de presencia en la conciencia que pueden llegar a ser de una considerable continuidad. En este caso, hay un estar en la vida cotidiana con otra perspectiva, un “estar en la otra orilla” como lo denomina Roberto Pla en su carta al Pf. Lahiry (ver www.evangeliodetomas-interpretación.com).

[20] Op. Cit. pág. 41

[21] Op.
Cit. pág 502

 

Sobre el autor

 

La renovación en la manera en que se suele entender el mensaje cristiano me parece una de las tareas más importantes de nuestro tiempo. Considero que el Evangelio de Tomás es una ayuda fundamental para ese fin.

Mi comprensión más importante sobre este asunto fue la lectura de El hombre templo de Dios vivo, exegesis oculta de la religión de Cristo a partir de comentarios al Evangelio según Tomás, de Roberto Pla. Me pareció un libro muy importante y por ello intento darlo a conocer. El problema es que es largo y, a veces, algo complejo.

Pero no es imprescindible leer ese libro para para obtener la medula del rico conocimiento que el Evangelio de Tomás comunica. Hago un muy limitado intento de ello en el texto que adjunto. Tómese como un voluntarioso intento…

No hace muchos años encontré la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana y me he sentido muy enriquecido por los escritos y visión de sus fundadores John Main y Laurence Freeman, de la Orden Benedictina. Valoro muchísimo su insistencia en la práctica meditativa diaria. Ver www.wccm.org y www.wccm.es

Personalmente, puedo resaltar que he sido bastante buscador y que en mi ya larga vida no hace muchos años que encontré el libro de Roberto Pla. He sido cofundador y soy Presidente de Honor de la Fundación Tomillo www.tomillo.org En mi vida profesional he sido gestor y emprendedor.

Sobre Roberto Pla puede encontrarse mayor información de la contenida en esta web en www.robertopla.com

Algunas indicaciones que podrían ser útiles:

Hay, claro, otras escuelas o tendencias contemplativas de no dualidad de las que soy poco conocedor, inclusive las de orientación cristiana, siento decir. Mis referencias más conocidas en este último ámbito son de Franz Jalics S.J y las escuelas establecidas por sus seguidores Pablo d´Ors y Javier Melloni S.J, la Oración Centrante, fundado por Thomas Keating (O.C.S.O) y Cynthia Bourgeault, la Escuela de Silencio, fundada por José Fernández Moratiel (O.P) y la escuela del  Zendo Betania, fundado por Ana Maria Slütter (maestra zen, Mujeres de Betania) así como la de Willigis Jagger, pero es seguro que hay otros a los que no conozco. Fuera del ámbito cristiano, siempre recordaré con enorme agradecimiento los cursos de Vipassana (Goenka), pero sin duda que hay muchas otras opciones de gran calidad. Se encuentra amplia información de interés sobre este asunto en: www.nodualidad.info  y sobre no dualidad en el excelente libro de Javier Alvarado, Historia de los métodos de meditación no dual.